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Centro histórico de la ciudad de Olinda (Recife)

Inscrito en la Lista de Patrimonios de la Humanidad en el año 1982. En 1535 Duarte Coelho desembarca en la costa noreste de Brasil con la intención de implantar la Capitanía del Estado de Pernambuco, según varias versiones al observar esta población Duarte exclamó: Oh! Linda!, y de ahí su nombre, que poco más tarde en 1537 se convertiría en villa y en 1676 en ciudad. La elección no fue al azar, sino que el sitio se encontraba sobre un promontorio con una vista privilegiada sobre el mar y con abundancia de agua dulce, bien ventilado, fácilmente defendible y con un puerto natural, cuyos arrecifes abrigaban y protegían los navíos. Fue capital de Pernambuco hasta 1827, Estado al que sigue perteneciendo en la actualidad.

La villa prosperó comercialmente y enriqueció, desarrollo ligado estrechamente al ciclo de la caña de azúcar. Sin embargo, en 1630, fue invadida por los holandeses. Después de incendiarla la abandonaron, trasladándose a Recife. La villa empezó a ser reconstruida a partir de la expulsión de los invasores holandeses, en 1654. A partir de ese momento tuvo una creciente competencia con la ciudad de Recife, que se afirmaba como importante centro comercial y que luego se convertiría en la capital administrativa de la capitanía. Lo que Olinda perdió en edificios administrativos se vio compensado con creces con la construcción de los monumentales conjuntos formados por los conventos de las órdenes religiosas. Carmelitas, franciscanos, benedictinos y jesuitas ocuparon los altos de las suaves colinas, produjeron y preservaron, principalmente en el interior de los conventos, las más apuradas formas de arte barroco de Brasil en el período colonial.

Olinda desistió en la competencia con Recife y, así, preservó sus características originales hasta el siglo XX, cuando pasó a considerarse una ciudad dormitorio. En 1937, cuando fue declarada oficialmente: Ciudad Monumento, sus principales atributos eran todavía su singular localización, sus sobrados (casas de tipo colonial de dos o más pisos que se encuentran en los centros históricos de las ciudades) con fachadas estrechas y amplios jardines poblados de árboles y la alta calidad artística de algunos de sus edificios, que sobresalían en las épocas de exuberante vegetación tropical.

Se ha preservado de aquel tiempo y hasta la actualidad parte del trazado urbano original de la villa y antiguas iglesias barrocas y el caserío, que constituyen un importante conjunto arquitectónico.

Olinda es un sitio para caminar por las calles, conociendo sus Iglesias y museos, y admirando escenarios que mezclan mar azul, el verde de la vegetación y las construcciones históricas. Es también una ciudad que ofrece buenos restaurantes, artesanado auténtico y oficinas de arte.

Visitas y actividades recomendadas:

Iglesias, monasterios y conventos: en general, Olinda abriga diferentes Iglesias ricas en ornamentos y tallas,  también sencillas capillas y monasterios. La mayoría fueron construidos en los siglos XVI y XVII, donde se exhibe arquitectura e imágenes principalmente barrocas.

Entre las que destacamos:

Iglesia Nuestra Señora de las Gracias: construida en la parte más alta de la ciudad, de la construcción original quedan las paredes externas y los dos altares de las capillas laterales. La fachada sin campanario, según la tradición italiana, revela además, por la pureza geométrica, pilastras y frontis una composición austera, de gusto renacentista. De semejanza a la iglesia de San Roque de Lisboa, ya que el autor fue el mismo.

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen: se encontraba en el gran Convento Carmelita, destruido a inicios de este siglo. Su reconstrucción, después del incendio sufrido, ha mantenido su plano original. Es una de las representaciones más elegantes e importantes de Brasil de estilo renacentista.

Convento Nuestra Señora de las Nieves: es el convento franciscano más antiguo de Brasil, debido a su destrucción parcial por los holandeses, fue reconstruido a partir de 1650.

Catedral del Olinda: también afectada por las destrucciones de los holandeses, a partir de su reconstrucción a mediados del siglo XVII, fue objeto de sucesivas modificaciones, que alteraron, en buena parte sus características originales, aún así merece una visita.

Monasterio de San Benito: fue terminado en 1599 y reedificado en la segunda mitad del siglo siguiente. Destaca la visita al altar mayor y el altar de N. S. de la Piedad, de la Sacristía, en talla de madera dorada.

Arquitectura civil de Olinda: es más sobria y simple que lujosa, presenta fuerte influencia portuguesa adaptada al clima local, destacándose las construcciones con balcones en piedra y madera, las ventanas con hojas entrelazadas, la contigüidad de las fachadas y muros y los grandes quintanales.

Mercado da Ribeira:en un edificio del final del siglo XVII abriga tiendas de artesanía local, como las típicas máscaras de papel maché. Hay también tiendas de entalladores, grabados y pinturas.

Atelier:los artistas instalaron sus tiendas por todos los sitios de la ciudad. Los visitantes son bienvenidos. Pueden entran y apreciar las obras de pintura, escultura y cerámica.

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