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Costa del Descubrimiento: reservas de la Selva Atlántica

Inscrito en la Lista de Patrimonios de la Humanidad en el año 1999. Fue en esta región donde desembarcaron los navegantes españoles y posteriormente portugueses en 1500, dando origen a la colonización de Brasil. Los primeros indígenas que se encontraron fueron del ramo lingüistico tupi, en esta costa fue rezada la primera misa en suelo brasileño, fue en este lugar donde los primeros colonizadores conocieron el pau brasil una madera que servia para teñir, esta madera es el origen primero de Terra Brasilis y más tarde Brasil. La demanda de esta madera propició la ocupación del territorio por los portugueses y la fundación de factorías para la extracción del pau brasil. Se crearon las primeras poblaciones: Cabralia, Arraial d’ Ajuda y Porto Seguro, en el Estado de Bahia.

La región de la Costa del Descubrimiento, sufrió una intensa devastación, quedando hoy intacta sólo el 0,5 % de la floresta original. Localizada en el núcleo de una Reserva de la Biosfera de ls Selva Atlántica, sobre todo especies de aves y vegetales, lo que lleva a creer que pueden haber existido corredores de unión entre las dos florestas.

Las ocho áreas núcleo de la Costa del Descubrimiento son:

  • La Reserva Biológica del Una.
  • La estación experimental Pau-Brasil/Ceplac.
  • El Parque Nacional Pau-Brasil.
  • El Parque Nacional Monte Pascual.
  • El Parque Nacional del Descubrimiento.
  • La Reserva biológica de Sooretama
  • La Reserva Forestal de Lindares.

En los sitios que forman el conjunto de los inscritos por la UNESCO, se destacan especies características de cada lugar (endémicas), raramente encontradas en otros lugares, uno de los factores relevantes para ser constitutivas del Patrimonio Mundial y por consiguiente áreas protegidas.

Se ha considerado Patrimonio Mundial de la Humanidad debido a la conjunción del significado histórico de este lugar y la importancia de preservación del ecosistema de Selva Atlántica. El conjunto de las ocho áreas que la componen, juntamente con la Selva Atlántica Sudeste y algunas áreas aisladas en el litoral de los estados de Paraíba, Pernambuco y Alagoas, compone un ecosistema bastante amenazado, quedando hoy sólo en torno de un 8 % del millón de Km2 originales.

El clima en la región comprendida por las florestas pluviales atlánticas tiene dos estaciones, definidas principalmente por el régimen de lluvias, aunque sea latitudinalmente bastante variable. Mientras en el Noreste brasileño las temperaturas medias anuales varían en torno a los 24° C, en las regiones Sudeste y Sur las medias anuales son más bajas y la temperatura puede ocasionalmente llegar a 6° C.

La Floresta Atlántica se extiende a lo largo de las montañas y de las colinas que dan al mar, así como en la planicie costera. Debe su existencia a la elevada humedad atmosférica llevada por los vientos marítimos. El viento húmedo se condensa en la costa, en forma de lluvia, al subir hacia las capas más frías de mayor altitud.

La pujante Floresta Atlántica, con vegetación arbórea en torno a los 30 m. y árboles que sobrepasan el dosel y alcanzan los 40 m. de alto, presenta una intensa vegetación arbustiva en el estrato inferior. Es una floresta de gran diversidad vegetal, con muchas samambaias, incluso las arborescentes, además de orquídeas terrestres y palmeras, entre las cuales se encuentra la Euterpes edulis, de cerca de 10 m. de altura y de cuyo tronco se extrae el palmito. Además de las alfombras de musgos e innumerables hongos, la Floresta Atlántica es muy rica en lianas y epifitas, entre las cuales se encuentran helechos, orquídeas y bromelias. Estas últimas, con sus hojas dispuestas en roseta, retienen siempre cierta cantidad de agua y esto condiciona un hábitat propicio al desarrollo de una fauna particular, como por ejemplo las de larvas y adultos de varias especies de artrópodos y anfibios.

En general, la fauna en esta floresta está predominantemente adaptada a la sombra y es poco tolerante a las variaciones de humedad, temperatura e insolación. Como consecuencia directa o indirecta de la deforestación, muchas especies han resultado afectadas.

Además de la fauna terrestre, la Floresta Atlántica posee también una rica fauna de peces que habitan los pequeños riachuelos existentes entre las áreas forestadas. Muchos de estos peces se orientan por la visión para localizar alimento o pareja para la reproducción, así como para sus comportamientos sociales, y son incapaces de sobrevivir en aguas turbias o claras, sujetas a la luminosidad intensa, cuando se elimina la floresta. Además de eso, el mantenimiento de temperaturas suaves en los riachuelos y en el suelo es posible gracias a la intensa cobertura vegetal.

Además de la riqueza en invertebrados, principalmente de artrópodos, la Floresta Atlántica posee una importante fauna de vertebrados. Sin embargo, muchas especies todavía son desconocidas por la ciencia y corren el riesgo de no ser descubiertas si el proceso de destrucción del monte prosigue.

Una de las principales características de la fauna que vive en la Floresta Atlántica, así como en otras florestas tropicales del mundo, es el hecho de estar diversificada y marcada por la presencia de muchas especies endémicas. Varias de estas especies poseen bajas densidades de población, lo que caracteriza un gran número de especies raras.

La preservación de las especies endémicas de la Floresta Atlántica es extremadamente preocupante, de cara a la situación actual de devastación. Incluso las especies endémicas cuyas poblaciones no se han reducido a un número crítico merecen especial atención para sobrevivir.

Entre los primates brasileños se encuentran relacionadas cerca de 25 especies en peligro de extinción y algunos de ellos endémicos de la Floresta Atlántica. Ésta es, por ejemplo, la situación de cuatro especies de mico-leões (Leontopithecus spp) y del muriqui (Brachyteles aracnoides), el mayor de los monos tropicales.

Las áreas más perjudicadas de la Floresta Atlántica son justamente las más importantes desde el punto de vista conservacionista. Son los remanentes de los montes del sur de Bahia y de Espírito Santo, que acogen los últimos ejemplares de géneros y especies de plantas y animales en peligro de extinción. En la región Sudeste, donde se han desarrollado grandes metrópolis como São Paulo y Rio de Janeiro en áreas que en el pasado fueron de Floresta Atlántica, todavía existen tramos relativamente grandes donde se han creado recientemente áreas de protección ambiental y transformados, incluso, en la Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica. En ellas están los últimos refugios de uno de los ecosistemas más ricos del mundo.

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